Dentro de la oscuridad
es donde empieza el camino interior del masón, porque los
más íntimos miedos afloran en medio de la ceremonia
de iniciación. Cada hombre expuesto ante su debilidad empieza
por atisbar aquello que le subyace según su coraje y comprensión.
Al cruzar las puertas del templo uno aleja lo profano, en cada
paso requiere conocimiento pero sobre todo valor, por eso esta
conquista es un movimiento interior más que exterior.
El iniciarse equivale a vencer el miedo a lo desconocido, equivale
aceptar con humildad la ignorancia y a despojarse de los prejuicios.
En estas condiciones la conciencia busca libremente la purificación
y transformación de aquello inferior en algo superior.
Pienso que la vida es un viaje en el que hay que definir las convicciones
que nos guiaran y las dudas que se soportaran, los tiempos de
evolución dependen de ello.
En medio de la oscuridad lo primero que llama la atención
es el tétrico símbolo de la calavera, es el careo
con la única realidad innegable. Los símbolos iniciativos
marcan dos senderos por donde transitan las pasiones, en uno se
depuran en el otro degeneran. En el centro de la mesa está
la muerte, es allí donde se separan las aguas y el curso
sigue adelante o se insume.
Con el agua que sigue el grano de trigo germina, nace de su propia
fuerza interior y bajo la tierra se despoja de todas sus imperfecciones.
No obstante la madurez solo se alcanza cuando se convierte en
alimento, cuando se combina con atrás realidades y se hace
alimento.
Como el recién nacido busca aquello que lo alimenta o
como el hombre necesita saciar su sed, es así la transformación
y regeneración de la vida. Ser uno mismo el pan y el agua
es servir de alimento, es saciar la sed; es buscar la solidaridad
y la justicia, es ser un compañero.
La realidad muerta se encuentra al lado de la realidad viva,
son así la sal y el azufre, son las fuerzas del equilibrio,
el peso y el contrapeso que lleva la vida de izquierda a derecha,
por eso el péndulo pasa siempre dos veces por el mismo
punto. Es la medida de cambio entre el movimiento y el reposo
que dependen de las fuerzas ficticias de lo material y lo espiritual.
El mercurio vital simboliza la sabiduría que nace de la
comprensión y la experiencia. El pensamiento nace de las
fuerzas opuestas que se transforma en sabiduría cuando
la iinteligencia fluye a través de principios elevados
y nobles aspiraciones y se corrompe cuando degenera ante el deseo
y los vicios. Es que todo en la naturaleza tiene un periodo de
maduración y un periodo de convicción, su ritmo
propio y su equilibrio natural.
Una vez concluida está reflexión, es tiempo de
exteriorizar los discernimientos en un testamento como palabra
viva de la muerte profana; un varadero cambio interior es imperceptible,
son sus manifestaciones las evidentes. Las preguntas sobre el
deber hacia Dios y hacia uno mismo pretenden mostrar que un hombre
es por fuera lo que se hace por dentro y aprende en la medida
en que observa en los otros las manifestaciones de sí mismo;
la solidaridad y la fraternidad.
El testamento encierra una concepción filosófica
y un código moral sobre la vida, recuerdo hoy ante mis
hermanos aquello que dije al iniciarme. “Es necesario tener
un maestro para aprender, disciplina para superar las limitaciones,
voluntad para fortalecer las convicciones, entrenamiento para
perfeccionarse en las arte, un método que oriente el camino
y un principio ordenador que sostenga la importancia de la vida”.
Y a lo antes dicho aumento, que el deber moral hacia G.·.A.·.D.·.U.·.
y hacia mis hermanos se equipare al que deseo para mi mismo.
Al fin comienzan los viajes iniciativos, lleno de tropiezos y
obstáculos al encuentro de los elementos; aire, agua y
fuego. De occidente a oriente y de retorno al principio, pero
con mas conocimiento. En cada viaje hay un nuevo ascenso de conciencia.
El viaje aire es la purificación de las tempestades internas,
el dominio de los deseos, los instintos y la pasión. El
viaje del agua representa la lucha en contra de los pensamientos
innecesarios, es la purificación de la mente. El viaje
del fuego es el reencuentro con la energía verdadera, con
lo más profundo y sutil de la conciencia y discernimiento.
Al respecto digo que el camino cuesta abajo es vertiginoso y
rápido en su descenso, mientras que un camino cuesta arriba
es lento y fructífero en su asenso. En este duro trayecto
la fuerza de la sangre y la marca del masón son inmanentes
de aquello que esta vivo y de aquello que es indeleble.
Es tiempo de beber el cáliz misterioso del agua dulce
que se convierte en amarga, como es el sabor del camino inevitable
de aquel que quiere convertirse en una piedra pulida. Aceptemos
todos la amargura de la ignorancia como aceptamos la dulzura espiritual.
Sea hecha la luz como premio del esfuerzo, que la apariencia
de separación entre lo vivo y lo muerto desaparezca, que
los hermanos se reencuentren en un fraternal abraso. Mi reflexión
final es que cada hombre define lo que hace y lo que deja de hacer,
esa es la manifestación más clara de su naturaleza
interior y de las decisiones que está dispuesto a sostener.
Que resuenen en los pensamientos de todos los masones la sabiduría,
la fuerza y la belleza, como reflejo de la alegría, la
humildad y la fe. Que se corrijan todos los excesos de apreciación
y de interpretación.
J. A. A.·.M.·.
|