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A.·.L.·.G.·.D.·.G.·.A.·.D.·.U.·.
R.·.L.·. Santiago Ramón y Cajal
nº 35, al Or.·. de Zaragoza
Bajo los auspicios de la G.·.L.·.E.·.
V.·.M.·., QQ.·.HH.·. todos en vuestro
grado y condición,
El viajero se detuvo y miró hacia atrás. Dedicó
una última mirada a aquello por lo que había vivido,
y con lo que había llenado su vida. Las satisfacciones
que le aportaban un alivio inmediato, ocupaciones vanas, en el
fondo vacías. Pero había algo dentro de él
que no estaba satisfecho. En su interior una voz le decía
que debía haber algo más. De modo que decidió
emprender el camino. Nadie le dio garantías de nada, nadie
le aseguró que encontraría respuestas, pero decidió
al menos vivir la vida como debe ser vivida, quizá sólo
recorrer el camino valdría la pena. Decidió que
cuando llegara su última hora podría mirar hacia
atrás y no se avergonzaría.
Dio un paso, luego otro y en pocos minutos desapareció
en un recodo del camino. No volvió a ser visto en el lugar.
Nacido Jeroen Anthoniszoon Van Aken. Pintor flamenco nacido en
1450 en s’Hertogenbosch (Holanda), y fallecido en 1516.
Su familia, los Van Aken, procedía de Aquisgrán
y se dedicaban a la pintura. Al ser pintores, según el
sistema medieval de estamentos, formaban parte del respectivo
gremio. Esto es importante para entender por qué se hizo
conocido como 'El Bosco' (en neerlandés: Den Bosch); a
la muerte del padre, el hermano mayor fue el único con
derecho para usar gremialmente el apellido familiar van Aken (o
cualquiera de sus variantes): así, Jeroen adoptó
como nombre artístico el nombre abreviado de su ciudad
natal, siendo asimismo latinizado su nombre, pasando a firmar
como Hieronymus en lugar de Jeroen.
Pintor impactante por el uso de una imaginería de tipo
onírico, rayana en lo grotesco, de la que es una buena
muestra el conocido ‘El jardín de las delicias’.
El protagonista de sus cuadros es la humanidad, que incurre en
el pecado y es condenada al Infierno; la única vía
que parece sugerir el artista para redimirse se encuentra en las
tablas con vidas de santos, a través de la imitación
de sus vidas dedicadas a la meditación aunque estén
rodeados por el mal. En los últimos años de su actividad,
el estilo del Bosco cambió y creó cuadros con un
número inferior de figuras y de mayor tamaño que
parecen sobresalir del cuadro y acercarse al observador.
Consta que en 1486 ingresó en la Vrouwe Broederschap (cofradía
religiosa de Nuestra Señora), corporación de gran
prestigio e influencia, a la que ya pertenecía su esposa,
posiblemente para protegerse de la inseguridad que se vivía
en aquellos tiempos de inquisición. Esta cofradía
era una asociación de laicos dedicados al culto a la Virgen
y a obras de caridad, y también se involucraba en representaciones
sagradas.
El análisis de sus obras demuestra que hacía un
concienzudo y detallado proyecto antes de la ejecución;
en cuanto a la figuración, El Bosco se destaca por representar
a personajes santos como sujetos comunes y vulnerables. En realidad
los personajes que representa tienen algo de caricatura, con una
vulnerabilidad tan patética que les hace simpáticos
al espectador. En sus obras abunda el sarcasmo y la imaginería
de tipo onírico, y lo grotesco. Este elemento característico
nos anticipa el humanismo de la Edad Moderna.
Se considera a El Bosco como un claro ejemplo de hermetismo renacentista
donde confluyen las influencias de los bestiarios, la mitología,
el Apocalipsis y la alquimia.
Posiblemente la teoría más popular sobre el origen
de la masonería es la de que los precursores de nuestro
real arte fueron los gremios medievales de constructores, los
masones ‘operativos’ al aceptar a personas ajenas
a su arte y compartir con ellos sus secretos. Estos masones ‘especulativos’
con posterioridad se habrían separado en sus propias organizaciones
si bien conservando los secretos de los maestros constructores
–aunque la parte operativa parece haberse perdido-.
Esta teoría aparentemente comenzó con masones que
tomaron la leyenda de Hiram Abiff como historia literal, no como
alegoría. De hecho es lo que el tercer grado enseña
a sus iniciados, por lo cual la existencia de una masonería
en la época de Hiram tiene sentido para un maestro masón,
tanto como el papel de Hiram, descrito como el maestro constructor
del templo, y el primer Gran Maestro de la Masonería.
El Dr. James Anderson, en la constitución de la primer
Gran Logia, adoptada en 1723, afirmaba que la Masonería
había comenzado con el rey Athelstan en el York del siglo
IX. Estudiosos masónicos posteriores no pudieron encontrar
apoyo histórico para esta tesis, y decidieron que el inicio
real de la masonería venía de los gremios medivales
de constructores, como señalábamos, ignorando el
hecho de que tampoco existe en realidad apoyo documental para
esta teoría. A pesar de ello, ésta predominó.
En la época que en que los masones revelan su existencia,
en el Londres del 1717, no existen registros documentales del
uso de los símbolos masónicos: las escuadras y compases
no aparecen hasta una generación después. El uso
de las herramientas masónicas con la finalidad de enseñar
lecciones morales también parece haber sido un añadido
posterior, si se exige la evidencia documental como prueba de
existencia.
Todo ello no evitó el flujo de ideas creativas sobre el
inicio de nuestra fraternidad. Se afirmó que había
nacido de la antigua religión druídica, o bien de
los steinmetzen (masones de la piedra) alemanes, o de
los collegia romanos, o del compagnage. Se llegó
incluso a acudir a los culdees, una antigua orden de
monjes que existió en Irlanda y Escocia en el siglo VIII.
Esta orden no encontró el favor de la iglesia y desapareció
durante el siglo X, antes de la era de la arquitectura gótica.
El estudioso de la masonería John J. Robinson, basándose
en el Manuscrito Regio de ‘circa’ 1390, cuestionó
la teoría de los gremios medievales dado que no existe
evidencia documental acerca de los gremios de constructores en
la Inglaterra del siglo XIV. En realidad no están documentados
hasta el siglo XVI, doscientos años más tarde. Robinson
llegó a la conclusión de que la masonería
procedía de los Caballeros Templarios. Cuando el papa Clemente
V declaró herética y excomulgó a la orden
del Temple, los templarios se encontraron convertidos en fueras-de-la-ley
y sabían que si eran capturados su destino incluiría
la tortura y la hoguera. Por esta razón tenían una
necesidad vital de de palabras de pase, signos de reconocimiento
y reuniones secretas.
Más recientemente, después de investigaciones de
todo tipo, investigadores masónicos como Allen Roberts,
en EEUU y John Hamill en Inglaterra han señalado lisa y
llanamente que nadie sabe cómo, dónde, cuándo
ni porqué nació la masonería.
Hace tan poco como 1991, en el banquete anual de la Sociedad
Philalethes, Cyril Bantham, miembro de la prestigiosa logia inglesa
de investigación Quatuor Coronati sorprendió a los
asistentes con su propia teoría, completamente original.
Bantham sostuvo que la masonería nació como una
sociedad secreta formada por monjes desposeídos después
de la disolución de los monasterios en Inglaterra, ordenada
por Enrique VIII en 1536. La corona se apropió de todas
sus propiedades, lo cual llevó a monjes y frailes de las
órdenes monásticas a agruparse en una sociedad de
ayuda y protección mutua.
Esta teoría no es más especial que las demás,
y resulta igual de respetable. Sólo señala de forma
muy patente como hasta ayer mismo los estudiosos e historiadores
de la masonería todavía se debatían ante
la falta casi total de evidencia documental.
Quizás la respuesta incluye ingredientes de varias de
las teorías. Quizá, después de todo, no haya
respuesta.
Es posible que parte de la respuesta sobre los orígenes
se pueda hallar en las obras de los artistas medievales.
Analicemos la obra que acompaña esta plancha: ‘El
viajero’ de El Bosco, pintor famoso por su representación
de siniestros y distorsionados seres y terroríficos demonios.
En esta obra, por el contrario, están ausentes los demonios
o los seres deformes. No obstante está preñado de
simbología masónica:
- El viajero lleva su pernera izquierda levantada hasta la
rodilla, y en el pie una zapatilla.
- Las cintas de su mochila están dispuestas de un modo
inusual. En lugar de tener una en vertical para cada brazo,
rodea su cuerpo, como el cable masónico que se usaba
para arrastrar al iniciado en su ceremonia de iniciación
(‘masonic cable tow’) y que luego se convirtió
en símbolo de las obligaciones del masón.
- En su mano un sombrero, pero en lugar de una pluma se puede
ver una plomada.
- La capucha sobre su cabeza aparece en la posición en
que estaría si se la acabaran de quitar de los ojos para
‘darle luz’.
- Delante de él una extraña verja. La puerta,
en lugar de tener traviesas en diagonal, tiene sólo una
que forma una escuadra, en su parte superior.
Consideremos ahora el paisaje:
- El hombre se mueve de izquierda a derecha, geográficamente
del oeste al este, es decir, viaja hacia oriente.
- En la lejanía un edificio semiderruido, en cierto abandono
aparentemente, aunque habitado. En su exterior un hombre orinando.
En la puerta, un hombre pone su mano sobre el pecho de quien
parece una prostituta, mientras la besa. Unos cerdos hozan en
el suelo, un perro hostil parece estar sopesando si atacar al
viajero.
- A la izquierda, al oeste de la casa, un pájaro enjaulado;
a su derecha, ‘a su oriente’, un pájaro vuela
libre en el cielo.
- En el exterior de la casa un emblema con una oca, animal de
fuerte significación sagrada ya en la época precristiana.
La Oca y los signos con que se representaba, tales como su "mano"
palmípeda, símbolo de la capacidad operativa del
espíritu sobre la materia, estaban profundamente relacionados
con los Compañeros Constructores que los habían
tomado por distintivo de reconocimiento, al extremo de nombrarse
entre ellos como los "jars", los ocas... Por otra
parte tiene una interesante conexión con los templarios:
se dice que el juego de la oca es una codificación hecha
por los templarios del Camino de Santiago, en que se marcan
los lugares que tienen una determinada significación.
- Sobre un árbol, una lechuza, símbolo medieval
de la sabiduría.
- Con unos pasos más, el viajero atravesará la
verja y pasará a un mundo de paz y abundancia, simbolizado
por la vaca.
Salvo que consideremos toda esta simbología una casualidad,
lo que tenemos ante nuestros ojos es toda una representación
de la motivación, la ceremonia y el atuendo de la iniciación
masónica. El Bosco nos habla a través de los ojos
cansados del viajero, nos habla a través de los siglos
y nos cuenta que en la Holanda del siglo XV ya trabajaban en silencio
nuestros hermanos.
He dicho QQ.·.HH.·.
VV.·. de Zaragoza, 23 de enero de 2009,
E.·.V.·.
F.V. M.·.M.·.
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